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sábado, 6 de octubre de 2012

¡DETENGAMOS LA MUERTE!





¡DETENGAMOS LA MUERTE!


Agustín Blanco Muñoz

Hace 520 años comenzó aquí la invasión de la muerte. Hasta entonces la vida tenía otro sentido y no se regía por los valores y motivaciones de la violencia explotadora. Una sociedad que, ante la avalancha armada de quienes se presentaron como una civilización superior, no tuvo como asumir su propia defensa.

Una invasión que trae un claro propósito: la extensión en estas tierras de un dominio que se considera superior en cuanto a lo que los invasores mismos han definido como ‘civilización y cultura’. Y esta empresa que, en principio, es de exploración-apropiación de tierras deshabitadas, se monta sobre las bases del sometimiento y la negación de la libertad de los otros.

Y para lograr ese objetivo empuña el arma superior: extinguir, masacrar, matar impunemente. Su lema es muy claro: ¡Obedeciencia al invasor o muerte! Y en este cometido logra el Estado ‘civilizador’ un aliado consistente: la iglesia católica que consiente en unir su cruz para justificar la masacre como obra evangelizadora.

De allí que la consigna invasora y destructora tomara otra expresión dirigida al originario de estas tierras: ¡Hazte cristiano o muere! Poder y religión se juntan para producir los asesinatos necesarios que garanticen el saqueo.

Una avalancha invasora que se recubre y legitima en una tesis inscrita en el propio código humanístico. Se trata de otorgarle condición humana a quienes supuestamente no la portan.

Es así como el invasor mira a quienes habitan estas ‘tierras inferiores’, que se ven obligados a calificar de despobladas para lograr la aplicación  de lo establecido en la legislación vigente: el derecho de apropiación sobre tierras para tomarlas y registrarlas como propiedad.

Y es a esto exactamente a lo que se va a llamar Descubrimiento de América, después de las conocidas peripecias de la confusión de Colón que lo llevan a creer que había llegado a las Indias Occidentales.

Para los invasores aquí había ‘indios’ con algún parecido con la gente, sin llegar a alcanzar una condición, que sólo se podría adquirir por vía del proceso civilizatorio impuesto, lo cual además otorgaría una especie humana restringida o inferior a la del ‘civilizador’. 

Por una parte se establecieron los propietarios superiores o civilizados y descubridores y por el otro los estigmatizados como inferiores y, en consecuencia, descubiertos. Y a lo largo de nuestro período histórico esta calificación se ha mantenido, teniendo por base y fundamento la propia conciencia de un continente que ha asumido los valores impuestos y que le calificaron e institucionalizaron como descubierto, inferior.

Y esto ha hecho posible la sucesión de invasiones que han recaído sobre estas tierras, sus hombres y sus frutos: la permanente exacción, la continua humillación. Porque se sembró aquí una sociedad cuya única perspectiva está establecida y marcada por la entidad invasora.

El hacer propio, autónomo y soberano no se ha entendido, ni puesto en práctica. De allí que de descubiertos pasemos a colonizados, falsamente independientes, subdesarrollados, dependientes o neocolonizados. La misma historia y las mismas muertes a lo largo de 520 años.

Y frente a esta realidad, la Catedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual de la UCV, proponen, en 1986, la tesis de los No Descubiertos, como una necesidad de enfrentar la concepción histórica e historiográfica impuesta que parte de la negación de la existencia de un proceso social propio en estas tierras que se bautizaron como América.

Una consideración que lleva al invasor a calificar este continente como ‘Nuevo Mundo’ para dejar a un lado los milenios de historia y hacer válida la interesada creencia de que en este territorio la historia comienza con la invasión europea.

Frente a esta acción, doblemente invasora, como concepción histórica y como empresa armada, respondemos de manera contundente: no hemos sido, no somos ni seremos descubiertos.

No hay sociedades descubridoras ni descubiertas. Sólo hay sociedades que portan un nivel de vida propio de su hacer, o del hacer impuesto por otros. De allí que estableciéramos como síntesis para la comprensión de esta historia que: ¡Nadie descubre a Nadie! Y que como No Descubiertos portamos una conciencia y una condición distintas.

Esta visión parece tener en la actualidad vigencia e interés, al menos para debatir lo que hemos sido, somos y seremos. Porque  no podemos seguir explicando este tiempo y sus tragedias a partir de los esquemas impuestos por la magna tragedia inicial.

Hoy y aquí, se impone una profunda reflexión sobre nuestro tiempo de sociedad invadida que lleva 520 años de muertes y más de 200 hablando de una independencia que nadie conoce ni ejerce.

Seguimos supeditados a invasores que hoy se multiplican. Porque, al lado del norteamericano está el chino, el ruso, el iraní, el Alba, el Mercosur, y los Fidel Castro. Y una sociedad que permanece en la condición de invadida no puede ir  más allá del falso discurso independentista. Y sus gobiernos, y específicamente, el que se presenta hoy como revolucionario, está obligado a seguir siendo portador de la condición de invasor, descubridor, impositor e impostor.

Y sus mecanismos de invasión hoy se llaman revolución pacífica que es una manera de esconder cobardemente la violencia en unas supuestas estructura democráticas tan inexistentes como la llamada independencia.

Por ello, esa llamada revolución avanza en los mismos términos de destrucción que cualquier otra empresa invasora, sin siquiera intentar romper el capítulo de la muerte permanente de 520 años que hoy, en plena campaña electoral, deja como trágico aporte los muertos electorales  el 29-09-12 en Barinas: Omar Fernández y Antonio Valero, quienes  no  tenían la decisión de atender al llamado para que se plegasen  a  la falsa patria que proclama la jefatura de la actual  invasión. ¡Qué historia, amigos! T:@ablancomunoz / abm333@gmail.com

El Universal, 05 de octubre del 2012.


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viernes, 14 de octubre de 2011

ABM - ¡GRACIAS FIDEL POR VOLVERNOS A DESCUBRIR!


Este expaís está hoy invadido por el castro-chavismo. El propósito es acabarlo en la medida que crezca el proyecto Venecuba: fusión de dos formas de destrucción que se autodenominan revoluciones.

El proceso invasor corresponde a un Estado Metropolitano que se lanzó a la aventura de buscar nuevos territorios y mercados. Y hoy sigue planteado el esquema aunque con formas diferentes. De allí que sea cada vez más necesario la revisión  sobre lo que somos, dónde estamos, de dónde  venimos,  y para dónde vamos.

Todavía el examen de este tiempo se vuelve difícil. Tal vez este es uno de los pocos lugares en los que aún se monta fiesta o conmemora el 12 de Octubre como Día del Descubrimiento de América, de la Raza, de la Hispanidad y más recientemente Día del Encuentro entre dos Mundos o Día de la Resistencia Indígena.

Un compendio de disfraces que deja de lado lo fundamental del proceso. En términos de proyección, esa fecha dice poco o nada para la calificación y determinación de un período que alcanza los 519 años.

No estamos ante nada que tenga que ver con descubrimiento, porque las sociedades no se descubren. No hay sociedades cubiertas ni descubiertas. Sólo hay sociedades y punto. Nadie descubre a Nadie!

Tampoco es cierto que las sociedades más avanzadas en elementos tecnológicos, traducido en la fuerza de sus armas de fuego, son superiores a las que no tienen esa capacidad para la muerte-asesinato.

La llamada empresa de exploración que contempla el Estado español, tiene como objetivo la localización de territorios más allá de sus fronteras que no estuvieran apropiados y habitados.

Lugares susceptibles de ser poblados y organizados para sumarlos a las posesiones de la metrópoli. De allí que en cualquiera de estos nuevos centros rigiesen las leyes del propio Estado que genera las nuevas entidades.

Pero en el caso de lo que se va a conocer como ‘América’ la expedición colombina no llega a un territorio despoblado. Y  por ello se presenta la necesidad de justificar la apropiación de lugares ya habitados, largamente vividos y puestos en un orden productivo. Se acude entonces al expediente de que en lugar de gente aquí había una animalidad.

Se inicia así una invasión-despojo que crea unos propietarios y unos desheredados. Nace de esta manera una gama de privilegiados-dueños y un colectivo expropiado-pueblo a quien, en principio, incluso se le desconoce condición de gente.

Por su condición de salvajes, antropófagos y politeístas se considera que carecen de alma y se procede a su exterminio. En esta empresa están unidos Estado e Iglesia. La primera corresponde a un Estado que marcha hacia la acumulación de metales preciosos.

La segunda requiere  implantar el cristianismo en las nuevas tierras. Y para esto se aplica a los habitantes originarios, según Depons, la consigna ‘Hazte cristiano, o muere’.

De modo que el mal llamado   descubrimiento, que ahora alcanza los   519 años,  es  la manera de justificar una  invasión.

La finalidad de esta empresa es acabar con las posibilidades de una sociedad construida sobre bases diferentes a los intereses  de una determinada forma de explotación que mira específicamente hacia la acumulación de metales preciosos, principio-base de la riqueza de las naciones que entonces (y hoy) prevalece.

Y para ello se señala que es a partir de 1492 cuando comenzó aquí la historia, dado que es el inicio de la población de humanos. Se pretende así  dejar de lado una historia milenaria.

De allí deviene la acción imperial de tomar posesión de quienes  son considerados como débiles e inferiores. Se establece de este modo la relación entre un poderoso y descubridor y alguien que no alcanza el nivel de gente, la cultura o la civilización que es el descubierto.

No hay que olvidar que fue  en 1537, cuando el Papa Pablo III, reconoció que “los nativos eran gente y tenían alma” y por tanto con derecho a la libertad. Sin embargo, el estigma de la animalidad-inferioridad siguió con vida y hoy cuenta con muchos cultivadores.

Y todavía hay quienes se atreven a desconocer que fue sobre una de las masacres de mayor  profundidad en la historia de la humanidad y sobre las cenizas correspondientes, como se instaló por primera vez la historia-gente.

El inicio de una ‘nueva y verdadera raza’. Por esto se nombra el 12 de octubre como Día de la Raza.

Y el juego al día prosigue, por ejemplo, con lo del ‘Día de la Resistencia Indígena’. Otra manera de hacer aparecer una resistencia que existió contra los españoles  pero que no ha tenido la misma consistencia contra los demás imperios que han caído en posición de descubridores asaltadores sobre estas tierras.

Y en nombre del antiimperialismo yanqui, antiguo y actual invasor, se le abre todo el espacio-posibilidades para que Fidel Castro, siguiendo las lecciones de Colón, ejerza el nuevo descubrimiento como disfraz para esconder otro capítulo de la misma destructora invasión pero  con el mote de revolucionaria.

Por ello, a 519 años de invasión tenemos que darle las gracias al señor Fidel por volvernos a descubrir. ¡Qué historia amigos! T: @ablancomunoz

El Universal, 14 de octubre del 2011.

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viernes, 15 de octubre de 2010

ABM - ¡DÉJENNOS ROBAR QUE YA USTEDES ROBARON!




Señor Dios, tú que quitas los pecados del mundo, atiende nuestras súplicas y líbranos de esta quinta que nos aplasta y de la cuarta que amenaza con rescatar sus viejas posiciones.

Este colectivo no se merece este terrible castigo. Ni tú, señor, puedes avalar una condena que comenzó en 1492, cuando la llamada empresa descubricionista hace de la masacre/asesinato la base y fundamento de su misión invasora y destructora. Una historia que hoy se prolonga en el mismo círculo de los fracasos, derrotas y padecimientos.

Entonces tierra, frutos y hasta el propio hombre pasaron a ser propiedad de los invasores. Es el dueño/usurpador que viene a conformar un ‘nuevo mundo’, regido por un sistema de dominación que se mueve entre el autoritarismo, el militarismo, el terror, el saqueo y la imposición.

Se dijo que se venía a civilizar y humanizar a la animalidad aquí existente para sembrar el hombre de la cultura, la religión y la producción.

Y fue así como La Pinta, La Nina y La Santa María se convierten en símbolos de un tiempo de sometimiento e invasión que se resguarda bajo los mantos de lo que suave y católicamente se llamó Descubrimiento de América.

Este es el único continente que adquiere la condición de descubierto para cumplir sin tropiezos la misión de asesinar unos pobladores que según el invasor no se podía reconocer como gente.

Era necesario, en consecuencia, proceder a sembrar aquí un hombre supuestamente civilizado y culto que haría las veces de fundador de sociedad, pueblos y ciudades. Es lo que han denominado ‘la invención de América’. Olvidan que ¡Nadie descubre a Nadie! Y que no hay ni descubridores ni descubiertos.

La Santa Iglesia, católica, apostólica y romana avaló por cuatro décadas aquella mortandad de “los seres inferiores y muy distantes de Dios”, que eran así porque carecían de alma.

Por ello permitió que al llamado indio se le diera el tratamiento de los conjurados a Jesús. Y esta forma de actuar se extiende libremente hasta el 02 de junio de 1537 cuando el Papa Paulo III publica una Bula en la cual reconoce que los indios son verdaderos hombres, que pueden gozar de libertad, tener propiedades, no deben ser reducidos a servidumbre e invitados a abrazar la fe en Cristo a través de la oración.

Para el momento se había asesinado unos 20 millones de ‘gente inferior’ y se crean las condiciones para que pase al olvido la historia milenaria de esta sociedad a la cual se le quiere ahora imponer una partida de nacimiento ajustada a los intereses invasores.


Entonces la cúpula de lanza y cruz lo domina todo y establece un reino duradero. La obra independentista corresponde a sus descendientes. Y las llamadas repúblicas a una u otra fracción del mismo poder.

Hoy nos encontramos con una cúpula que se considera heredera del mismo poder imperial que se otorgaron los supuestos descubridores y trasmitieron a libertadores, héroes, caudillos y autócratas de la llamada democracia y las dictaduras.

Sin embargo, no se invoca como fuente de poder al descubrimiento sino a un tal socialismo. Los primeros supuestamente libraron al colectivo de la animalidad y los segundos vienen a libertarlo de la explotación.

Pero ni uno ni otro apuntan hacia la verdad. El poder de los descubridores sobre los descubiertos e inferiores es, en su contenido y dirección, el mismo que hoy practican los cenáculos socialistas/comunistas sobre un colectivo esperanzado, engañado y utilizado.

Dos formas de actuar de la misma explotación. Y de esto no se libran las repúblicas anteriores.

La llamada cuarta es ya un compendio de cúpulas descubridoras que se aprovechan de un colectivo que no ha logrado tomar en sus manos la conducción de su destino. Y por ello en este caso específico deja en manos de esos grupos privilegiados la totalidad de la renta petrolera.

Y es lo que podemos observar a esta hora. Los fracasados de la república anterior están en pugna con los administradores de la actual para que se sirvan firmar y respetar el pacto de la alternancia que debe ser entendido de esta manera: un rato robamos nosotros y otro rato roban ustedes. La misma historia del saqueo que se inicia el 12 de octubre de 1492.

Lo que está planteado hoy aquí, en consecuencia, es una lucha polarizada entre patriotas del robo, con el agravante de que han llegado muy lejos las ambiciones en las repúblicas soberanas del saqueo socialista y democrático, no dispuestas a dejarse arrancar su manjar.

Esto quiere decir que el 05 de enero se pondrá a andar otro capítulo de la polarización (que examinaremos luego) de crecientes y guerreras proporciones en función de la permanencia o reestablecimiento de ‘cúpulas podridas’.

Señor Dios ¡no nos abandones en esta difícil hora, como lo hiciste hace 518 años a nuestra sociedad originaria! abm333@gmail.com

El Universal, 15 de octubre del 2010.
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